Economía del Bien Común (EBC)

Porque necesitamos un sistema económico alternativo fundado en la dignidad humana, la solidaridad, la sostenibilidad ecológica, la justicia social, la participación democrática y la transparencia estamos creando la Economía del Bien Común (EBC).
La Economía del Bien Común no es el mejor de todos los modelos económicos, ni el final de la historia. Es el siguiente paso, una palanca de cambio a nivel económico, político y social –un puente de lo antiguo a lo nuevo.

La economía del bien común reposa sobre los mismos valores que hacen florecer nuestras relaciones interhumanas: confianza, cooperación, aprecio, co-determinación, solidaridad, y acción de compartir.


Competir no garantiza siempre el éxito en el mercado, pero hace peligrar siempre el bien común.

Pero, ¿cómo lograr que las empresas no compitan? ¿Pueden premiarse los valores en lugar del beneficio económico? Los creadores del modelo de la EBC creen que sí: “La gente que piensa que este sistema es ilógico está equivocada y por eso he venido a demostrarlo. Lo que pretende el movimiento del bien común es resolver las contradicciones presentes en el panorama actual, modificando los comportamientos erróneos por conductas acertadas para maximizar el beneficio”.

Por lo tanto, vemos que la EBC tiende a ser una forma de economía de mercado, pero cambiando los objetivos de las empresas privadas: de un modelo que busca la competencia y la maximización de ganancias, a uno orientado a la persecución del bien común, cooperando en la comunidad.

Es difícil negar este planteamiento como principio general, pero los sabios tienen razón cuando advierten que el demonio habita en los detalles, así que para conocerlos tendremos que profundizar más en los fundamentos prácticos de esta teoría.
Felber propone, por ejemplo, sustituir el PIB como indicador de éxito por el “Producto del Bien Común” y que respondería a esta ecuación: “cuanto más social, ecológico, democrático y solidario sea el comportamiento y la organización de las empresas, mejores serán los resultados que se alcancen en el balance”. Esto incluye propósitos como éstos:
- Las desigualdades de ingresos y de riqueza se limitan en un debate y por decisión democrática (en una democracia 2.0, más allá de los políticos)
- Las empresas se liberan de la obligación de crecimiento ilimitado y sólo buscan el tamaño óptimo
- La remuneración máxima y mínima tienen una correlación lógica y social
- La banca es democrática (controlada por la sociedad, no por el Estado)
- Los mercados financieros tal como hoy se conocen, dejarían de existir al no tener razón de ser en un entorno cooperativo, no-competitivo; donde la medición económica de beneficio pasa de “contabilizar valores de cambio, a contabilizar las utilidades sociales”.

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